En el año 1973, un avión militar Douglas DC-3 estadounidense se quedó sin combustible en pleno vuelo y se estrelló, a conciencia, en la playa negra de Sólheimasandur, en la costa sur de Islandia. Cuatro décadas después visitamos este icónico lugar, marcado en los mapas como plane wreck, el avión estrellado por su traducción literal, o el avión abandonado como nosotros lo conocemos.
- Dónde: Sólheimasandur, sur de Islandia.
- Dificultad: Moderada, debiendo completar un recorrido de unos diez kilómetros de ida y vuelta.
- Imprescindible: Calzado deportivo o de montaña, abrigo y chubasquero cortavientos, además de agua y algo de comida que siempre deben ir en la mochila. Descargar artículo en PDF
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Nuestros protagonistas volaban entre los aeropuertos de Höfn y la base aérea de Keflavik (actual aeropuerto internacional de Islandia) después de entregar suministros a la estación de radar de Stokksnes (hacia donde, por cierto, también nos dirigimos). Durante el trayecto, una fuerte tormenta obligó a que el piloto aterrizase de emergencia Sólheimasandur, sobreviviendo sus siete tripulantes y posteriormente rescatados en helicóptero (1973 Sólheimasandur Douglas DC-3 crash, Wikipedia).
Posiblemente, debido a los altos costes de recuperación de la aeronave en esta zona, que si bien es todavía lejana sería más remota entonces, el avión fue dado de baja y abandonado. Por ello, acudimos esta vez nosotros al rescate, en este caso, de su peculiar historia.
El punto de partida
Llevamos varios días recorriendo Islandia en coche, a través de la carretera A1, conocida como ring road, que nos llevará a dar la vuelta completa al país. Tras una parada en las cascadas de Seljalandsfoss y Skógafoss nos proponemos visitar el avión abandonado, una microaventura que nos requerirá caminar unos cinco kilómetros a pie para llegar hasta su ubicación (y otros tantos de vuelta).
En el aparcamiento preparamos café y degustamos unas galletas antes de iniciar el camino. Una guagua turística realiza el trayecto cada cuarenta minutos, por un precio elevado (como todo en Islandia) que decidimos ahorrar para estirar nuestras piernas agarrotadas por las horas de coche.
Caminamos por la pista de tierra y nos adentramos en un paisaje salvaje y llano de arena negra que llega hasta el mar. En el horizonte, una línea de costa infinita, que intuimos pero no alcanzamos a ver. A nuestras espaldas, la parte alta del glaciar Mýrdalsjökull cubre varios volcanes con actividad reciente. De hecho, a nuestro regreso podemos capturar una gran nube de cenizas que parece salir del hielo, posiblemente procedente uno de estos volcanes.




Aparece el avión, abandonado en medio del paisaje
Llegamos a la ubicación del avión, ocupando el centro de cualquier imagen en el inmenso paisaje con firmeza, sólido y casi estoico. A pesar del vandalismo sufrido por la aeronave en estos cincuenta años, hoy desvalijado solo permanece su estructura, casi en el esqueleto, con una apariencia aún más dramática para las infinitas fotografías que tomamos.
Es difícil lograr un encuadre limpio, ya que el lugar es popular y las tentaciones de entrar y subirse a una de sus alas son irrechazables (incluso para nosotros mismos). Es igual de inevitable pensar cómo se produjo el histórico aterrizaje casi imposible, además de cómo pasan los años y de las estaciones por el objeto inerte en la inmensidad.




El viaje por Islandia continúa
Debemos regresar al coche, puesto que nos esperan varios cientos de kilómetros para llegar hasta el lago Jökulsárlón y su desembocadura en la playa de los diamantes, a los pies del mencionado glaciar Vatnajökull. Dormiremos en el pueblo de Höfn, donde la mañana siguiente nos espera la sobrecogedora playa de Stokksnes antes de seguir nuestro largo viaje por Islandia.

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