Estamos en el norte de la isla de El Hierro, visitando el emplazamiento de una fuente de aguas medicinales que data del siglo XIX.
- Dónde: Frontera.
- Duración: 30 minutos en coche desde la capital.
- Dificultad: Baja. Descargar artículo en PDF
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Una visita hasta ahora evitada
En nuestros múltiples periplos por la más occidental de las Canarias hemos reparado muchas veces en anuncios y señales que indican “Pozo de la Salud”. Lo cierto es que, sin saber muy bien por qué, hemos evitado recurrentemente el lugar. Quizás nuestro subconsciente haya jugado en contra de una hipotética visita, haciéndonos creer que estamos ante uno más de los múltiples reclamos para turistas que salpican nuestras islas. Hoy, sin embargo, nos hemos decidido a venir.

Llegamos sin apenas informarnos previamente. Vamos de camino a la Playa de El Verodal y decidimos hacer una breve parada, esta vez sí, en el Pozo de la Salud.
Aparcamos junto un edificio de planta rectangular que, por lo que sabemos, alberga un hotel-balneario. El día está ciertamente desapacible. El cielo está parcialmente cubierto de nubes y la poca luz que hay a esta hora de la mañana tiñe de un triste gris todo el ambiente. Pero todo tiene sus ventajas: apenas hay nadie por los alrededores y podemos disfrutar sin distracciones del lugar.

Nos dirigimos rápidamente a la costa, dejando a mano izquierda el balneario, en busca del supuesto pozo. Atravesamos un amplio camino empedrado y llegamos a un mirador, muy bien acondicionado, que ofrece vistas este-oeste del mar que baña la costa de El Golfo.



A nuestra derecha un pequeño camino lleva a los pies de lo que, efectivamente, asemeja a un pozo. Desconocemos si se trata del pozo original o de una recreación del mismo. En cualquier caso está provisto de una curiosa estructura de madera que llama la atención, y que se yergue sobre un agujero clausurado con trampilla y candado.

Los muros de piedra aquí y allá invitan a sentarse un rato. Cara al mar nos encontramos con la siempre imponente costa herreña, con su mar batiente y sus cuevas de lava. Hacia el interior algunas casas modernas se entrelazan con viviendas a medio derruir. Todo de muy dudoso gusto.

Aguas medicinales en El Hierro
El pozo atrae nuestra atención durante los primeros instantes, pero es luego el mar, con su permanente magnetismo, quien captura nuestra mirada. El vaivén de la marea, la oscuridad de las inaccesibles cuevas marinas, los Roques de Salmor que se atisban en el horizonte. Cada escena evoca un pensamiento que nos entretiene por unos minutos.


Se nos hace tarde y es hora de partir, pues nos queda todavía un largo día por delante. Retomamos el camino de regreso y es entonces cuando topamos con algunos carteles informativos que habíamos pasado por alto, y que nos relatan la historia del lugar. Nos llama la atención que los primeros en reparar en las cualidades curativas de las aguas del Pozo de la Salud fuesen los animales (o, para ser justos, sus pastores) allá por el siglo XVIII. También nos sorprende que en tiempos de explotación del pozo allí excavado, sus aguas alcanzasen tal fama que llegaran a exportase al continente americano.



Utilizada para dar baños curativos desde principios del siglo XIX, el lugar fue sede de diferentes “casas de baños”. El balneario actual se construye en el mismo emplazamiento, ya en la década de los 90. Hoy es un establecimiento turístico que ofrece alojamiento y tratamientos de bienestar, desconocemos si utilizando todavía las aguas curativas del manantial.

Cómo llegar
El Pozo de la Salud se encuentra en el municipio herreño de Frontera, en la costa norte de la isla. Llegar es como siempre bien sencillo. Te dejamos la localización exacta en el mapa, aunque en esta ocasión probablemente no te haga falta, pues se trata de un lugar muy conocido y por tanto señalizado con esmero.
Una costa llena de secretos por descubrir
Esta parte del litoral herreño está lleno de interesantes lugares que visitar. Tanto si estás alojándote en la zona como si te encuentras de paso no debes dejar de acercarte a otros lugares muy próximos, como son el Charco Azul o la zona de Arenas Blancas y, algo más lejos, el Charco de los Sargos.

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