En otra ocasión visitamos los Neveros de Izaña. Excavaciones recubiertas de piedra que servían como pozos de nieve, de los que se obtenía hielo en la isla de Tenerife entre los siglos XVII y XIX. Hoy regresamos a este lugar para saldar una deuda pendiente con el lugar, en busca del conocido como Pozo de Arriba.
- Dónde: Parque Nacional del Teide, Tenerife.
- Dificultad: Difícil. El camino no es evidente, requiriendo un conocimiento previo del territorio y capacidad de orientación.
- Imprescindible: Protección solar, gorra o sombrero. La ropa de abrigo es imprescindible durante el invierno. Descargar artículo en PDF
(Exclusivo para suscriptores)
Los Neveros de Izaña están formados por un pequeño grupo de pozos dispuestos en línea, en el margen de un barranquillo bajo el Alto de Izaña que les da nombre. Estuvimos en dos de ellos, los Pozos de Abajo, hace varios inviernos. Aquella micro aventura nos permitió comprobar de primera mano la utilidad del rudimentario ingenio que, incluso abandonado, parecía cumplir su función. Sin embargo, en aquella mañana fría y cubierta de niebla no pudimos llegar hasta el tercero de los neveros, el Pozo de Arriba, más desplazado y, por si fuera poco, más inaccesible.


En busca del Pozo de Arriba
Algo más de dos años después, nos proponemos completar la misión de encontrar el Pozo de Arriba y terminar con el misterio. No será sencillo. En los mapas no hay un camino marcado, así que primero debemos regresar a los Pozos de Abajo sobre nuestros antiguos pasos.
Ahora la visión del lugar cambia por completo. Es primavera y la nieve ya ha abandonado esta altitud y encontramos los neveros totalmente secos. Antiguamente se cubrían con ramas de retama o con pinocha, llegando a conservar el hielo incluso durante el verano. Hoy, el derrumbe del picón que se desprende de la montaña ha ido enterrando parte de la excavación, mientras la vegetación se abre camino encontrando abrigo en el interior de la estructura.
Uno de los Pozos de Abajo se mantiene en muy buen estado de conservación, con una profundidad considerable. Los muros de piedra siguen conteniendo el empuje del terreno y los peldaños de la misma roca permanecen en su lugar. Por supuesto, en ningún caso pensamos acceder al interior, tanto por la peligrosidad evidente como para dejarlo intacto.


Es el momento de buscar el Pozo de Arriba. Tras observar algunas imágenes por satélite, intuimos su posición y dirigimos la mirada hacia esa dirección, encontrándonos con una fuerte pendiente que termina en una pared vertical de roca. Claramente, por ahí no es.
Desandamos nuestros pasos hasta el coche y comenzamos a examinar el paisaje, desentrañando el territorio en busca de cualquier detalle que nos aporte información sobre por dónde pudo pasar algún viejo camino. Vemos que el perfil de la montaña sigue la dirección natural hacia donde debería estar nuestro objetivo, por lo que seguimos nuestro instinto explorador y vamos progresando sin estar del todo seguros.

Tenemos la suerte de disfrutar en soledad de las vistas de todo el Parque Nacional del Teide. Mientras avanzamos entre diferentes tonalidades de cenizas volcánicas, rocas y retamas, se va componiendo una mezcla de colores única que nos mantiene entretenidos hasta que la voz de Pablo nos avisa del hallazgo a lo lejos.

Tras cruzar el mismo barranquillo, esta vez por su cabecera, llegamos al Pozo de Arriba. La densidad de las retamas, que aprovechan la humedad de este cauce para subsistir, dificulta nuestros pasos. Seguimos avanzando con mucho cuidado hasta que, finalmente, cumplimos la misión.
Se trata del nevero más pequeño de los tres que forman el conjunto, pero no por ello es menos interesante. Gran parte del pozo se encuentra enterrada bajo el avance de la montaña, mientras que la otra parte sigue manteniendo el muro y la escalera de piedra en pie. Varias retamas ocupan el centro de la construcción, con vistas privilegiadas al valle de La Orotava y la cordillera Dorsal de Tenerife.



Una profesión extinta
Con el tiempo hemos conocido otros neveros repartidos por la cumbre de Tenerife. El conocimiento de Cueva del Hielo del Teide a través de la lectura o nuestro paso reciente por el Pozo de Mal Abrigo transmiten la importancia que tuvo esta profesión para la economía y los habitantes de la isla en tiempos en los que no existían los aparatos frigoríficos. En este punto, uno se imagina la dureza de este oficio siglos atrás, cuando la desmesura del esfuerzo físico y las condiciones extremas del invierno de Las Cañadas superarían todas nuestras capacidades, incluso con los medios actuales.
Es importante mantener estos lugares como testimonio de la historia de Canarias, aunque vista la tendencia de explotación de nuestra geografía, quizá sea mejor que permanezcan ocultos como hasta ahora. Estas viejas construcciones seguirán aquí para los visitantes más respetuosos, al menos hasta que la naturaleza termine con ellas.

Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.