Al noreste de la isla de La Palma, bajo la sombra de un imponente acantilado, se encuentra la playa de Nogales. Una ensenada de arena negra bañada a parte iguales por el Atlántico y el Alisio.
- Dónde: Puntallana.
- Dificultad: baja.
- Imprescindible: Bañador. Si el mar está en calma te apetecerá darte un baño. Descargar artículo en PDF
(Exclusivo para suscriptores)
La entrada a una isla salvaje
Nos imaginamos en un remoto pasado, a bordo de un barco, navegando rumbo suroeste. Pongamos que hemos partido de las costas del norte de África en dirección a las Canarias. Dejamos a babor, primero las islas más antiguas del archipiélago, Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria. Al cabo de unas horas, pues vamos en velero, avistamos a lo lejos el imponente pico que corona Tenerife. Más allá de nuestra proa, sobre un mar de nubes ,asoman las dos lomas características del inconfundible perfil de La Palma.
Llegamos a la isla por el oeste. Imaginemos que nunca hemos estado allí y no tenemos mapa alguno del territorio. Sacamos un catalejo, uno de esos antiguos instrumentos dorados tan típicos de películas de piratas, y observamos atentamente la línea de costa.
Tras largo rato recorriendo con la mirada torrentes de lava que se precipitan vertiginosamente sobre el mar, divisamos lo que parece una playa. Una considerable extensión de arena que se revela propicia para el desembarco.

A una distancia prudencial fondeamos nuestra embarcación y nos dirigimos hacia la costa en nuestros botes. Las olas y la corriente nos lleva en pocos minutos hasta la orilla. Arrastramos nuestros botes arena adentro y nos quedamos maravillados con el espectacular recibimiento que nos ofrece esta isla aparentemente desierta.

Un vertical acantilado se cierne sobre la línea de costa. Algunas gaviotas y otras aves marinas sobrevuelan el lugar. A la izquierda se atisba un posible acceso hacia el interior de la isla. Estamos a todas luces en una isla desierta, no hay rastro de presencia humana y es posible que seamos los primeros en pisar esta tierra. Nos sentimos conquistadores de un territorio inexplorado…
A los pies del acantilado
Son estas ensoñaciones las que se nos vienen a la cabeza sentados en la arena de la playa de Nogales, con la mirada perdida en el horizonte, respirando olor a mar y escuchando el ruido de las olas batiendo sobre la orilla.

Aunque nos hubiese gustado la experiencia, no hemos venido por mar. Hemos llegado a la playa a través del sendero que bordea el extremo sur, desde una zona acondicionada como aparcamiento.

Bajamos durante un buen trecho sobre un firme de tierra, con algunos escalones construidos sobre la roca, deteniéndonos a hacer fotografías en varias de las curvas del camino. El trayecto no es especialmente largo, y el entorno nos mantiene muy entretenidos.
Tras un primer tramo que transcurre paralelo al mar un giro hacia el interior nos lleva a lo largo de un pronunciado descenso, que desemboca junto a una cueva.




Nos salimos del sendero a explorar esta cavidad, en cuyo interior se cuela el agua de la marea. Un lugar que bien podría haber pasado desapercibido de no ir atentos al espectáculo visual de nuestro alrededor.

Dejamos atrás la cueva y al poco estamos ya sobre la arena. Nos recibe a pie de playa un banco y una caseta de madera, propiedad de la comunidad surfera. Un “local” nos saluda y nos previene de que no permanezcamos cerca del acantilado, pues son frecuentes los desprendimientos de piedras.

Paseando por la orilla
Nos adentramos en la playa. En sus poco menos de 500 metros de extensión apenas nos encontramos a una decena de personas. Unos «surfean» olas, otros pasean. Algún valiente sin miedo al frío se atreve a remojarse. Nosotros recorremos la orilla con ojos curiosos. Descubrimos conchas, algas, restos de aves e incluso una carabela portuguesa. Quizás haya sido esta última la que nos haya evocado tiempos pasados de grandes expediciones marítimas.


Rebuscamos entre las piedras buscando algún cangrejo, recogemos conchas de pequeños crustáceos, dibujamos letras y formas en la arena, nos sentamos a admirar el mar.
El tiempo se nos pasa volando. La marea sube lentamente y nos invita con sus tímidas caricias a retomar el camino montaña arriba. Emprendemos entonces el regreso con la cabeza envuelta en un pensamiento: a pesar de la caseta, del aparcamiento, de las barandillas y de las escaleras, este lugar tiene un encanto especial. Una suerte de magia que nos infunde la sensación de haber sido los primeros en haber estado aquí. Los conquistadores de la playa de Nogales.
Cómo llegar
La playa de Nogales se encuentra a 20 minutos en coche al norte de la capital de la isla. Debes transitar por la LP-1 hasta la localidad de Puntallana y allí tomar el desvío a la LP-102 hasta el aparcamiento. Como es habitual te dejamos la ubicación exacta indicada en el mapa.
Más microAventuras en la isla
Si estas de visita por la isla te recomendamos otras microAventuras que hemos vivido aquí, en especial la visita al cercano bosque de Laurisilva del Cubo de la Galga.

Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.