En la costa oeste de El Hierro se encuentra la playa de El Verodal. Una ensenada salvaje de arena roja nacida de las últimas erupciones en la isla.
- Dónde: Frontera.
- Duración: Unos 40 minutos en coche desde la capital. En torno a 25 desde El Golfo.
- Dificultad: Baja. Descargar artículo en PDF
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Arena roja, mar azul
Venimos en ruta desde Tigaday, en el Valle del Golfo. Conducimos en dirección oeste, con la intención de rodear este extremo de la isla.
Acabamos de dejar atrás Arenas Blancas, uno de los pocos rincones de esta isla, si no el único, en el que encontrarás arena rubia. Tras una breve parada en el Arco de la Tosca, que nos pilla de camino, reanudamos la marcha en dirección a la Playa del Verodal.

Atravesamos durante el trayecto la que probablemente sea la zona más árida e inóspita de El Hierro. Impresionantes coladas de lava conforman un extenso malpaís. Un mar de rocas que se extiende desde la base del acantilado hasta la costa. Se trata de una llanura que en algunos puntos supera los quinientos metros de ancho.

A nuestra izquierda, los más de 400 m de altitud de la dorsal montañosa que flanquea la carretera nos provee de sombra durante un rato.

Pronto llegamos a un desvío. Un cruce que nos aleja de la falda de la montaña y nos adentra en el malpaís hacia la costa. En cuestión de minutos estamos aparcando en la Playa del Verodal.
La playa más occidental del país
Un cartel y una edificación revestida de piedra nos recibe junto al aparcamiento. Aunque apenas hay nadie a nuestra llegada, intuimos que se trata de un lugar frecuentemente visitado por los herreños.


Tras la construcción se divisa la playa. Definitivamente llama la atención el tono rojizo de su arena. El arenal no es especialmente grande, quizás algo más de 100 metros. Hace un días radiante. El sol brilla con fuerza y el mar acaricia con calma la orilla.

Estamos en la que probablemente sea la playa visitable más occidental de España. Algunos bañistas tendidos sobre la arena se acercan a la orilla de cuando en cuando y se remojan con precaución. Son probablemente conocedores de que nadar en este lugar implica cierto peligro. Hemos leído que el baño no es recomendable, dada la fuerza de las corrientes.
El acceso a la playa está precedido de una zona habilitada para comer. Grandes mesas bajo un cañizo aportan la sombra necesaria a aquellos que se deciden a pasar el día por aquí.

Rodeamos la entrada a la playa y nos acercamos al mar. Caminamos por una vereda entre rocas y pasamos junto a un curioso arco artificial hecho con piedras, propicio para hacerse alguna foto. Al poco llegamos al extremo transitable.
Aquí algunos pescadores prueban suerte con sus cañas. Curioseamos las capturas. No hay gran cosa. ¿Habrán llegado hace poco? ¿Será mala hora? A ellos no parece importarles. Disfrutan de su rato de soledad. Su retiro momentáneo a un lugar en el que no hay nada más allá. Tan solo un inmenso océano sobre el que dejar partir sus pensamientos.

Nos disponemos a reemprender la marcha, y es entonces cuando reparamos una vez más en la montaña a nuestras espaldas. Es la cumbre a la que subiremos a continuación, en busca de nuevas microAventuras. Nos esperan el Sabinar, el mirador de Bascos, la Dehesa y, más al sur, el faro de Orchilla. No hay tiempo que perder.
Cómo llegar
Tal y como te hemos contado, a la playa del Verodal se llega por carretera. El trayecto desde Valverde, la capital de la isla, te llevará alrededor de unos 40 minutos. Si estás en la zona de El Golfo, tardarás en torno a la mitad. El lugar es conocido, fácilmente accesible y su acceso está señalizado. En cualquier caso te dejamos en el mapa la localización exacta.

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