La existencia de pirámides guanches en Tenerife ha sido, tradicionalmente, una fuente de discusión para unos y de incredulidad para otros. Un debate que siempre terminamos con muchas incógnitas en el aire, hasta que el anuncio de una reciente investigación sobre la datación de estas estructuras en el norte de la isla nos llevó a emprender la búsqueda de nuevas respuestas.
- Dónde: Icod de los Vinos, Tenerife. Decidimos no revelar su ubicación exacta por motivos evidentes.
- Dificultad: Las pirámides se encuentran enclavadas en las periferias de Icod de los Vinos, junto a la carretera, por lo que no existe dificultad añadida a la compleja misión de localizarlas previamente. Descargar artículo en PDF
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Nos trasladamos hasta el municipio de Icod de los Vinos, en el norte de la isla de Tenerife, para contemplar estos pedazos de la historia con nuestros propios ojos, aún sin saber con seguridad a qué época pertenecen.
Microaventura en busca de las pirámides
Buscamos las pirámides de Cuatro Caminos y de Santa Bárbara. Se trata de las mejor conservadas del norte de Tenerife tras la desaparición de la mayor de todas, la Pirámide de La Mancha, destruida de forma deliberada para construir una rotonda en el año 1991. Llegar hasta ellas no ha sido sencillo: después de leer varias publicaciones científicas y seguir las pistas de algunos topónimos que reconocemos, podemos terminar de acotar sus ubicaciones aproximadas con la ayuda de las capas de vista satélite y vista de calle de Google Maps.
La mañana es muy calurosa, así que, tras un baño refrescante en el Charco de La Laja, en el municipio vecino de San Juan de la Rambla, ponemos rumbo al primero de nuestros objetivos.

Encontramos la Pirámide de Cuatro Caminos cerca de la costa de San Marcos, en mitad de una finca de plataneras, al borde de una pequeña carretera interior que atraviesa los cultivos. Una valla metálica nos impide el paso a la propiedad privada en la que se encuentra la construcción de piedras, todavía en pie y formidablemente conservada, pero llegamos a estar suficientemente cerca para analizarla con detalle. Entre la vegetación llegamos a observar una planta rectangular sobre la que se levantan doce escalones o terrazas, sorprendentemente bien alineadas y con cierta simetría entre ellas.
Incluso el Teide formaría parte de esta geometría si tuviéramos el espacio y la libertad de movimiento que disfrutaban los antiguos pobladores de la región. Sin los obstáculos impuestos por el desarrollo urbanístico actual, encontraríamos una perspectiva del volcán, situado justo detrás de la pirámide, sin mayor dificultad.



Casi media hora después, a 10 kilómetros de distancia en línea recta y casi el doble por carretera, en la parte alta de Icod logramos adivinar la Pirámide de Santa Bárbara entre las construcciones actuales. Fuera del coche, a pie conseguimos una mejor perspectiva de la edificación solitaria, con el mar de fondo, acaparando todo el protagonismo de la escena. Esta pirámide aparenta mayor complejidad en su técnica de construcción, de planta hexagonal y unas nueve o diez terrazas que contamos con dificultad desde nuestra posición, aunque peor conservada con derrumbes visibles en alguno de sus vértices. Nos volvemos locos, buscando algún acceso que nos lleve hasta los muros de la estructura, pero el desorden de calles y caminos no permite acercarnos a menos de 10 metros, con alguna huerta de por medio.



En el caso de ambas pirámides, las limitaciones que nos imponen las lindes entre las propiedades pública y privada nos impiden hacer mucho más que estas observaciones y algunas fotografías de nuestra pequeña microaventura. Pese a ello, nos vamos satisfechos por contemplar este fenómeno, antes desconocido para nosotros, además de haber llenado un hueco de conocimiento sobre la historia de Canarias.
Un poco de historia difusa
Sin embargo, como suele ocurrir de manera generalizada en todo lo relativo a la historia de Canarias, los hallazgos se producen tarde y los relatos son inciertos, incompletos y cargados de suposiciones. Por otro lado, la destrucción del patrimonio histórico y cultural de las islas, en ocasiones por ignorancia y otras de manera deliberada, ha propiciado que en la actualidad nos encontremos ante un puzzle al que le faltan demasiadas piezas para poder completar una imagen nítida de nuestro pasado.
En el caso de las pirámides de Tenerife, la historia se complica todavía más. Comenzaremos por las pirámides más conocidas, las de Güímar. No fue hasta la década de los 90 del siglo XX cuando este tipo de construcciones comenzaron a ocupar algo de espacio en el hilo enmarañado que representa la línea del tiempo de nuestra historia, con el acontecimiento que tratamos en la publicación «Los descubrimientos de Thor Heyerdahl en la corriente de Canarias«.
Por aquel entonces, la hipótesis del explorador noruego sobre el origen de estas pirámides supuso nada menos que el levantamiento del actual Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar. Según Heyerdahl, estas pirámides pudieron ser construidas por los antiguos pobladores de Tenerife, hace más de dos mil años, bajo la influencia de navegantes mediterráneos durante supuestos viajes a América, a través del océano Atlántico. Para demostrar que su teoría no era imposible, el propio Thor Heyerdahl se embarcaría en esta travesía uniendo la costa de Marruecos con el archipiélago de Barbados, haciendo escala en Tenerife y aprovechando la corriente de Canarias a bordo de una réplica exacta de las embarcaciones egipcias de la época, construida con los mismos métodos y materiales utilizados en la antigüedad.
Aunque la expedición no demostraba ningún hecho con evidencias científicas tangibles, permitía, al menos, que tampoco se pudiera negar la posibilidad de que poblaciones de ambos lados del océano Atlántico, concretamente de Egipto y América, pudieran haber tenido contacto mucho antes de la llegada de Cristóbal Colón.
Continuando con el caso que nos ocupa en esta ocasión, las referencias a las pirámides del norte de Tenerife son más amplias. La publicación «Una pirámide/calendario solar Guanche en el norte de Tenerife: referencias históricas, características, origen y función«, a cargo de Gustavo Sánchez Romero, Santiago López Arencibia y Abel Bello, recopila una serie de referencias históricas a las pirámides repartidas por Canarias a partir de los textos de diferentes cronistas e investigadores que, desde el siglo XVI, describen con detalle la existencia de una serie de promontorios, majanos y construcciones de piedras. Entre las finalidades que se atribuían a estas pirámides se encuentran, principalmente, la agricultura, los cultos religiosos o el mero resultado de colocar las piedras extraídas durante la limpieza del terreno.
Una de las referencias incluidas en este trabajo señala que:
Encontramos referencias de pirámides en Tenerife de la mano de Bory de Saint-Vincent y Jean-Baptiste-Geneviève-Marcellin (1778-1846). En su obra publicada en 1803 «Essais sur les isles Fortunées et l’antique Atlantide, ou Précis de l’histoire générale de l’archipel des Canaries» vuelven a aparecer estructuras en piedra seca en forma de pirámide, ligadas por los autores al país de los faraones: Egipto.
Gustavo Sánchez Romero, Santiago López Arencibia y Abel Bello.
Llegados a este punto, aunque el vínculo entre las pirámides de Tenerife y Egipto puede ser la hipótesis más llamativa, también es la menos probable. Solo hemos tomado estas referencias para ilustrar el abanico de posibilidades que se abre ante un tema sin resolver. Sin ir más lejos, en esta otra referencia encontramos la prueba de esta amplitud de teorías:
Otra importante referencia sobre la presencia de pirámides en la isla de Tenerife proveniente del antropólogo francés René Verneau, que escribiría en 1891: «Antes de llegar a la población (de Icod de los Vinos), se descubre una enorme pirámide que, con sus grandes gradas, hace pensar en las de Egipto. De lejos, el parecido es completo, y de cerca, la ilusión no desaparece totalmente. Pero simplemente es una montaña cuyos escarpados flancos son cultivados con ahínco. Pequeños muros superpuestos le dan la vuelta y retienen la tierra que, sin esta fórmula, sería arrastrada rápidamente a los barrancos».
Gustavo Sánchez Romero, Santiago López Arencibia y Abel Bello.
El mismo estudio concluye que existen evidencias suficientes para atribuir la construcción de las pirámides del norte de Tenerife, ubicadas en el municipio de Icod de los Vinos, a la civilización Guanche. El hallazgo de inscripciones y restos de enseres cerámicos encontrados entre las piedras que conforman estas estructuras, además de un patrón de alineación con el sol y las estrellas, son las principales pruebas objetivas que sustentan esta teoría.
La estructura piramidal descrita aquí cumple a la perfección la función de gran marcador solar, y por ende, bio-calendario aborigen. Estamos por tanto ante una estructura de origen Guanche construida y usada por los clanes asentados en esta zona de Tenerife, un almanaque de piedra aún en pie y vigente hoy día […] revelando el profundo conocimiento que tenían los guanches del cielo, las estrellas y planetas.
Gustavo Sánchez Romero, Santiago López Arencibia y Abel Bello.
Realidad, ficción o leyenda sobre las pirámides guanches
Recomendamos que los lectores construyan su propio criterio accediendo directamente a la investigación realizada por Sánchez Romero, López Arencibia y Bello, perfectamente documentada y llena de aportaciones históricas, además de un exhaustivo trabajo de campo que incluye evidencias fotográficas, cálculos e ilustraciones científicas.
Por nuestra parte, solo tenemos una certeza absoluta: las pirámides del norte de Tenerife existen y son reales. Cuánto de antiguas son y para qué se construyeron, no lo sabemos. El título de esta misma publicación deja entrever lo que creemos (o nos gustaría creer) después de leer a historiadores y científicos. Sin embargo, tras la observación directa, podemos sacar nuestras propias conclusiones.
Tanto la Pirámide de Cuatro Caminos como la de Santa Bárbara son estructuras sólidas, sin nada más que relleno en su interior, pero perfectamente planificadas, diseñadas y ejecutadas, dominando el paisaje agrícola de las medianías de la región de Daute de manera sobresaliente. Incluso podemos describir, con cierta seguridad, las apreciaciones que realizamos sobre los cantos erosionados de las piedras que, ya redondeadas y cubiertas de líquenes, nos informan de que no se trata de construcciones modernas, ni mucho menos creadas al azar.
Tampoco podemos aceptar que nos encontremos ante el resultado de simples amontonamientos ocasionados por la limpieza del terreno. Teniendo en cuenta las dimensiones de las pirámides y los detalles de su construcción, donde predominan los ángulos perfectos y una colocación metódica, piedra por piedra, de tamaños relativamente similares, el coste desorbitado del producto residual anularía la productividad de la explotación agrícola.


A medida que recorremos la historia de Canarias, somos conscientes de que algunas veces caminamos entre hechos certeros y evidencias objetivas, mientras que en otras ocasiones nos vemos obligados a deambular entre leyendas y relatos de ficción todavía sin esclarecer. En cualquier caso, buscamos comprobar los acontecimientos por nosotros mismos, aún sabiendo que terminaremos obteniendo más nuevas preguntas que respuestas definitivas.

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