En tiempos no tan remotos Canarias fue muy relevante para la geografía del mundo occidental, pues aquí, en el Hierro, estaba establecido el meridiano de referencia para el cálculo de longitudes, el conocido como “Meridiano Cero”.
- Dónde: El Pinar.
- Dificultad: Baja.
- Imprescindible: Indispensable aquí la protección solar. También agua, pues no hay puntos de abastecimiento cercanos. Descargar artículo en PDF
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La referencia
El Hierro fue durante mucho tiempo considerado como el fin de la tierra conocida. El extremo último del mundo occidental. Tal es así, que ya en el siglo II el geógrafo griego Ptolomeo eligió como origen de latitudes el meridiano de la isla.

La historia del meridiano cero, o meridiano de referencia, es larga y turbulenta. En muchas ocasiones se ha tratado de llegar a un consenso sobre cuál debería ser el origen del cálculo de longitudes, y este consenso ha sufrido cambios a lo largo del tiempo, motivados por intereses de todo tipo.
En el caso concreto de El Hierro, leemos que fue el cardenal Richelieu quien promovió, en 1634, que el gobierno francés decretase su meridiano como referencia para todos los mapas geográficos, y quedó definido como aquel que está «20º al oeste del Meridiano de París».
Desde entonces el uso de la referencia herreña fue muy extendido, aunque con el paso del tiempo el «Meridiano de Ferro» fue perdiendo relevancia frente a sus dos principales contendientes: el Meridiano del Observatorio de París y el Meridiano de Greenwich.


Estos tres meridianos fueron los únicos contendientes en la “Conferencia Internacional del Meridiano” celebrada en 1884 y en cuyo seno se celebró la votación que determinó que el meridiano de referencia del mundo sería el de Grenwinch, título que ostenta hasta hoy.
Camino del fin del mundo
Hoy nos dirigimos al extremo oeste de la isla en busca de un monumento que conmemora la importancia del lugar como referencia geográfica mundial.
Estamos en las inmediaciones del Faro de Orchilla, un lugar que hemos visitado ya en el pasado. Un paisaje dominado por el malpaís que parece no tener especial interés, más allá de la belleza inerte de la roca volcánica.

Avanzamos por la sinuosa carretera que transcurre entre la lava y tomamos un desvío a la derecha, antes de llegar al faro. Se trata de una pista de tierra que nos lleva a un punto que hemos localizado en el mapa, en medio de ninguna parte.
Tras conducir durante unos minutos atisbamos una forma regular que emerge ligeramente sobre el paisaje. Es el Monumento al Meridiano.



Nos detenemos junto a él. No es especialmente llamativo, pero su existencia está cargada de simbolismo. Aquí, en medio de la nada más absoluta hay algo invisible que es de vital importancia, o al menos lo fue durante mucho tiempo. Una línea imaginaria que nadie ve y que sin embargo dirigió destinos y aventuras de marinos y exploradores.
Cerramos los ojos. El viento, que arrecia con cierta virulencia, nos refresca la cara. Imaginamos por un momento que es el propio Meridiano que quiere movernos, sacarnos del cero, empujarnos, ya sea a este o a oeste, para mantener así su razón de ser: la necesidad de tenerlo presente para saber siempre dónde estamos…
Ha sido una experiencia curiosa, que nos ha llevado a preguntarnos sobre la historia del meridiano cero y por ende a escribir estas líneas.
Atractivos ocultos
Regresamos a la carretera y decidimos visitar una vez más el faro. Quizás por haber estado ya varias veces allí, en esta ocasión nos detenemos más en el entorno que en la propia construcción.
Descubrimos así otros atractivos que habían pasado desapercibidos en visitas anteriores. De un lado un túnel volcánico practicable que, según tenemos entendido, es posible recorrer en su totalidad. Nos adentramos unos metros en su interior, a través de uno de sus extremos, movidos por la curiosidad. Vemos que efectivamente la galería continúa pero decidimos no alejarnos de la entrada. No conocemos el lugar ni vamos preparados, y en estos casos siempre hay que ser precavidos.



Regresamos a la superficie y dedicamos un rato más a explorar los alrededores. Alcanzamos así un lugar sobre el que se yergue una gran cruz de madera. A sus pies un pequeño monumento de mármol blanco, junto a otra cruz de menor tamaño, recuerda al primer farero.



Por último, hemos descubierto también que aquí termina el sendero de gran recorrido GR131, que atraviesa todas las islas Canarias y termina (o empieza, según se mire), justo aquí, en el fin de la tierra conocida.

Se hace tarde y hemos de regresar. Subimos al coche y tomamos la carretera que retorna hacia la Dehesa. Mientras conducimos se nos viene un pensamiento: Si estuviésemos en el siglo XVIII acabaríamos de pasar, en un segundo, del Oeste al Este.
Otras microAventuras en las cercanías
La existencia de las islas Canarias es conocida desde tiempos remotos. Si tienes interés en conocer algunas referencias geográficas históricas a nuestro archipiélago no dejes de leer “La Advertencia”.
En cuanto al entorno, ya conoces que la «Isla del Meridiano» está repleta de lugares increíbles. Muy cerca de aquí están el Mirador de Bascos, El Sabinar o la Playa de El Verodal. No dejes de visitarlos.

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