Y sin embargo ni las lavas son negras ni las montañas blancas. Estamos en el territorio de la luz que en estos lugares reina sin discusión y crea en nuestras retinas curiosos efectos de contraste que nos hace percibir los colores más oscuros o más claros de lo que realmente son.
- Descargar artículo en PDF
(Exclusivo para suscriptores)
Volvemos a uno de esos paisajes impresionantes, siempre nuevos, siempre distintos en las proximidades del volcán, mejor del estratovolcán Teide en la isla de Tenerife. Nuestro recorrido por estos parajes ya son unos cuantos y como afirmamos con frecuencia, la impresión que tenemos de ellos cada vez que los recorremos, es siempre nueva y distinta de las anteriores, como si realmente fuera la primera vez que los visitamos. Nos referimos a la subida hasta Montaña Blanca. Unos 5 km de caminata por una pista de tierra que nos lleva hasta la falda del Teide, donde comienza el zigzagueante sendero tradicional que conduce al Pico. Hace un par de semanas la describimos este recorrido en Montaña Blanca • Lainakai.

En los últimos años hemos visitado el lugar en varias ocasiones. Lo hicimos un inolvidable y frío noviembre y dimos cuenta de ello en El Teide por Montaña Blanca y en Los erizados yelos del invierno . Otra vez, como uno de los tramos de la Teide 04 , y para no cansarte también de noche en Vivac en Montaña Blanca , y siempre nuestras impresiones fueron nuevas, distintas. Nieves, fríos intensos, ventiscas de lluvia gélida, cielos cristalinos y estrellados, cielos cubiertos y en ocasiones turbios por la calima, calor intenso en verano, etc. Quizá la razón sea la inestable climatología de la alta montaña, donde los cambios meteorológicos pueden ser rápidos e intensos, o por la estación del año, o quizá por la hora del día ¿quién sabe?
Uno de los puntos de interés más populares de esta subida es un conjunto destacado de grandes rocas, más o menos esféricas, densas, pesadas, muy oscuras y diseminadas por el paisaje, enigmáticas y solitarias o a veces formando grupos en las suaves depresiones del terreno. Los vulcanólogos las llaman bolas de acreción, fragmentos esféricos o elipsoidales de lava y en el caso que nos ocupa, “Huevos del Teide”. Se encuentran en una zona cubierta por enormes cantidades de piedra pómez emitidas por la erupción anterior —hace unos 2000 años— de Montaña Blanca de una extensión de varios kilómetros.

Los Huevos del Teide
Si levantamos la cabeza y miramos hacia el cono del volcán, inmediatamente asociamos estas bolas a unas coladas de similar color, muy cercanas, y de donde se han desprendido estas impresionantes moles de piedra. Estas coladas son producto de la erupción de las Lavas Negras, última que se produjo en el Teide hace unos 1200 años y responsable de la actual forma puntiaguda del pico.
En algunos casos estas bolas aparecen bastante alejadas, lo que llegó a pensar a algunos que se trataba de gigantescas bombas volcánicas.
La formación de bolas de acreción como estas se ha podido documentar en otras erupciones canarias recientes. El mecanismo es más o menos el siguiente. En un canal de lava fundida, que fluye por una pendiente, a veces se desprenden bloques de los bordes del canal, que al rodar en el seno del mismo se van cargando de capas de material fundido, aumentando su volumen y adquiriendo una forma más o menos esférica o elipsoidal. Estas masas pueden desprenderse en algún momento y rodar velozmente muy lejos del frente de lava o por los laterales del mismo canal.


A punto de desaparecer
Cuál no sería nuestra sorpresa el saber que este magnífico conjunto de rocas que conocemos como Huevos del Teide estuvo a punto de desaparecer en los años 80 del pasado siglo debido a la «bárbara explotación de pumitas» (piedra pómez) para usos industriales. La extracción de piedra pómez comenzó a finales del siglo XIX. Hacia 1980 el deterioro medioambiental de esta zona del Parque se hizo insostenible, lo que generó protestas generalizadas de grupos ecologistas e instituciones académicas logrando la paralización de la actividad minera.
La zona que inocentemente contemplamos como si estuviese en estado natural, fue radicalmente alterada por la extracción minera y por lo que podemos entender, ha sido reconstruida para borrar las huellas de tan desastrosa gestión ambiental.
Hay partes de la subida a Montaña Blanca que particularmente siempre nos han resultado raras. No sabemos muy bien por qué. Como si hubiese algo que no encajase. Nos ocurre lo mismo en la zona denominada Minas de San José, tan frecuentada por los visitantes. Nos recuerda algo lo que ocurre en algunas playas artificiales donde cada mañana con tractores hay que recolocar la arena para que sigan pareciendo playas.
Se nos ha ocurrido comparar ortofotos antiguas para ver si podía encontrarse alguna huella de las minas y vaya si las hay, Obsérvese la siguiente fotografía con dos imágenes, la primera actual, 2026 y la segunda de 1987. Hablan por sí solas.

Todo ello será motivo para, en próximas visitas a este lugar, descubrir nuevos aspectos de este paisaje extraordinario, deslindando la obra original de la Naturaleza de aquella que es producto de la torpe mano del hombre.
Mejor será aprender de una vez cómo manejar correctamente los ecosistemas insulares para no tener que cambiar el nombre de las enigmáticas bolas de acreción, huevos o fragmentos lávicos, o como queramos llamarlos por el quizás más apropiado de Lágrimas del Teide.

Notas y referencias
Parque Nacional del Teide. Guía geológica. Organismo Autónomo Parques Nacionales
Martínez de Pisón, Eduardo; Quirantes, Francisco. El Teide. Estudio geográfico. Editorial interinsular canaria, S. A. 1981.
Canarias. Economía, ecología y medio ambiente. Varios autores. Francisco Lemus Editor. La Laguna 1994.

Deja una respuesta
Lo siento, debes estar conectado para publicar un comentario.