Pequeñas manchas verdes se extienden por el desierto volcánico de las coladas negras del Timanfaya. Llegamos a La Geria, un paisaje surgido del ingenio conejero para sobrevivir a la dureza del clima seco de Lanzarote que, después de varios siglos, ha transformado por completo el territorio en esta región de la isla.
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El nombre de La Geria se refiere al topónimo que alude a esta zona de Lanzarote, caracterizada por un sistema de cultivo único, generalmente de viñas. Su origen se remonta al siglo XVIII, cuando la mayor parte de la tierra cultivable de los pueblos de Yaiza, Tías, Tinajo, San Bartolomé y Teguise fue sepultada bajo las lavas de Timanfaya. La idea para resucitar la agricultura del lugar consistió en excavar un cono sobre la capa superficial de picón y plantar en su interior, protegiendo el cultivo del viento con un pequeño muro en forma de corralito. De este modo, el lapilli favorecería la absorción y la conservación de la humedad, permitiendo el crecimiento de la planta. El éxito llevó a extender la práctica, originando un llamativo paisaje convertido en Espacio Natural Protegido.
Nosotros llegamos a la zona por casualidad, después de un largo día de carretera. Desde Las Salinas de Janubio, nos vemos obligados a atravesar todo el Parque Nacional de Timanfaya del tirón, antes de adentrarnos en el Volcán del Cuervo. Cansados, en el regreso a Playa Blanca encontramos el oasis de La Geria en mitad del paisaje negro.
Los contrastes del paisaje de La Geria
Cientos de surcos albergan los cultivos de parras que, alineados perfectamente sobre la superficie de ceniza volcánica, añaden un contraste de color verde que, fruto de la colaboración entre la naturaleza y el ser humano, da lugar a un entorno especial.

Las principales bodegas de la isla, convertidas hoy en atracciones turísticas, se han establecido en este territorio idóneo para la obtención de su materia prima principal. Según hemos podido observar, en La Geria también se plantan higueras, aunque de manera más dispersa. Sin duda, en este lugar, la necesidad de supervivencia se convirtió en una oportunidad que llegó hasta nuestros días.
La zona es perfecta para la fotografía, pese a las continuas interrupciones causadas por la intensa afluencia de personas. Mientras tanto, el paisaje, estrechamente ligado a su historia, parece gritar de agotamiento.

Nosotros también debemos continuar. Las Playas de Papagayo o el Charco Verde nos esperan en Lanzarote, mientras que un pequeño viaje a la vecina isla de La Graciosa seguirá trayendo nuevas micro aventuras desde otro lado de El Río.

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