En pleno corazón de la isla de El Hierro se esconde esta pequeña ermita, dedicada a San Salvador, cuyo entorno bien podría ser escenario de historias fantásticas sobre bosques y hadas.
- Dónde: Frontera, El Hierro.
- Duración: Unos 30 minutos.
- Dificultad: Baja.
- Imprescindible: Calzado adecuado. Descargar artículo en PDF
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De ruta por el interior
Estamos de nuevo en la isla más occidental de las Canarias, explorando uno más de los muchos rincones que nos quedan por descubrir. Porque, si algo tiene El Hierro es que ofrece al visitante nuevas sorpresas casi a cada paso.
Venimos en trayecto desde el este, recorriendo la zona alta de la isla, esa suerte de dorsal con forma de media luna que protege por el sur el valle del Golfo. Acabamos de visitar el mirador de Jinama y la ermita de la Caridad. Hemos pasado también por la Hoya de Fireba y hemos caminado hasta el mirador de la Llanía. Esta zona interior de la isla no ofrece descanso alguno a los curiosos.


Estamos en las primeras horas de la tarde, y acabamos de almorzar un delicioso bocadillo de sardinas tumbados bajo una arboleda. Hemos comido en un área recreativa que hemos encontrado por casualidad, sentados en un merendero bajo un impresionante pino.

Disfrutamos largo rato de un momento de soledad, pues no hay nadie por los alrededores. ¿Has pensado en qué difícil es hoy en día encontrar un lugar en el que no haya nadie sino tú? Hemos completado el plan de la mañana y hoy nos queda tan solo un lugar en nuestro itinerario. La ermita de San Salvador.
Un secreto a pocos pasos
No recordamos muy bien cómo hemos conocido la existencia de esta ermita, pero sí que en algún momento vimos una fotografía que nos cautivó: una pequeña iglesia de piedra rodeada de verde en medio del bosque en un entorno sacado de un cuento de hadas. Es la ermita de San Salvador, y se encuentra a poca distancia de donde estamos terminando de reposar la comida.

Emprendemos el camino hacia allí y aparcamos junto al comienzo del sendero. Un cartel de madera nos indica que la ermita está a a penas doscientos metros de distancia. Comenzamos el ascenso, pues la senda es empinada, y nos internamos en un bosque en el que el verde rezuma por doquier. Un manto de helechos cubre la zona baja y muchas de las piedras que bordean el trayecto están recubiertas de musgo.




Avanzamos y a mano izquierda vemos un desvío. Un pequeño recorrido lleva al pie de una gran cruz de madera, erigida frente a un coqueto llano.

Seguimos caminando y, al poco, alcanzamos la ermita. El acceso, a través de un portal de madera y piedra coronado por una cruz, anticipa lo bonito que va a ser el lugar.

Traspasamos el portal y accedemos a una suerte de plaza. Rodeada en parte por un muro de piedra y en parte por una valla de madera, el recinto nos resulta escenario ideal para una película ambientada en época medieval.

Varios árboles se distribuyen por el “patio”, sobre un suelo de picón, y por fin, al fondo, a mano derecha, aparece la entrada de la ermita.

Su fachada de piedra y los muros que la flanquean generan la impresión de que la pequeña nave se encuentra excavada en la roca, aunque no parece que sea así. Una robusta puerta de madera permanece cerrada con candado, privándonos del acceso al interior.

Recorremos con la mirada cada rincón de este pintoresco enclave de la isla. Hacemos muchas fotos, pues el sitio se presta a ello y, tras largo rato, retomamos el camino de vuelta. Esta visita a la ermita de San Salvador ha resultado ser un gran colofón a una día por el interior de la isla.
Cómo llegar
Llegar a la ermita de San Salvador es, como en casi todas nuestras microAventuras, muy sencillo. El camino de acceso se encuentra en la carretera HI-1. El trayecto desde la capital te llevará alrededor de 25 minutos y la caminata hasta la ermita es, a pesar del desnivel, muy corta. Te dejamos indicado en el mapa el punto exacto para que no te pierdas.
Más en la Isla del Meridiano
Como te decíamos al principio, la isla de El Hierro tiene infinidad de rincones que visitar y, en contra de lo que pudiera parecer, el listado de microAventuras que puedes vivir aquí parece no tener fin. El Árbol Garoé, el Pozo de las Calcosas, El Sabinar o la cala de Tacorón, son algunos de los pintorescos lugares de entre los muchos en los que hemos estado ya.

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