En la costa oeste de Tenerife se encuentra El Balito, una pequeña ensenada que abraza aguas cristalinas y alberga un antiguo embarcadero.
- Dónde: Adeje.
- Duración: Alrededor de una hora en coche desde la capital.
- Dificultad: Baja.
- Imprescindible: Imprescindible el bañador. Descargar artículo en PDF
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La pesca
Nos hemos interesado recientemente por la pesca. Viviendo rodeados de mar desde la infancia es una actividad que no nos es ajena. En las islas no hay quien no conozca a algún pescador profesional o se dedique a la menos exigente pesca deportiva. Nuestras cofradías de pescadores y restaurantes de costa están siempre surtidos de buen género fresco y la estampa de un pescador sobre las rocas o una pequeña embarcación entrando a puerto es habitual en el paisaje de esta tierra.
Nuestro litoral está plagado de pequeños puertos pesqueros, desde los que muchas generaciones de canarios han salido a la mar en busca de sustento. Algunas de esas generaciones han sido formadas durante décadas por personas que en Lainakai conocemos muy bien. Personas que han dedicado gran parte de su vida a enseñar a futuros pescadores a respetar y entender los entresijos de la vida marina, la razón fundamental por la que desde tiempos inmemoriales nos adentramos en mares y océanos.

Sabemos por tanto algo sobre especies y ecosistemas pesqueros o artes de pesca, pero desconocemos totalmente la técnica, pues la pericia y conocimientos de la gente del mar proviene en gran medida de su invaluable experiencia.
Con ánimo de pasar unas jornadas diferentes en estos días de verano sacamos nuestra licencia de pesca y nos pertrechamos con caña, carnada y anzuelos.
Casi sin querer hemos encontrado aquí una nueva fuente de microAventuras, pues la búsqueda de lugares propicios para dar nuestros primeros lances nos ha llevado a descubrir lugares hasta ahora desconocidos. En esta ocasión la pesca nos ha llevado hasta El Balito.
Un refrescante baño en El Balito
Estamos una vez más en Adeje, en el oeste de la isla de Tenerife. En un punto de la costa situado al norte de la urbanización conocida como Callao Salvaje se encuentra esta pequeña cala, al final de un barranquillo.
Se accede a través de una pista de tierra que parte de la carretera TF-47, que lleva a Playa San Juan. El desvío no está señalizado y parte en ángulo recto directemente desde la carretera asfaltada, por lo que es necesario tomarlo con precaución.
La pista nos lleva hasta la costa en un recorrido de menos de un kilómetro, que transita entre grandes fincas abandonadas y construcciones a medio derruir, plagadas de grafittis. No es un panorama especialmente atractivo y da ciertamente gran pena ver cómo el abandono y el deterioro se va extendiendo sobre el paisaje.
En pocos minutos llegamos a la costa. En la última curva antes de una explanada que hace las veces de aparcamiento vemos una garita. Un pintaresco oteadero sobre la bahía cuya finalidad desconocemos.



Aparcamos el coche, que ha quedado totalmente cubierto de polvo, y nos acercamos a la orilla. De nuevo nos recibe el mal aspecto de las edificaciones abandonadas, en esta ocasión una gran nave que debió hacer la veces de almacen. Pasamos junto a ella y accedemos al embarcadero, en cuyo extremo se mantiene en pie un viejo pescante.

Entendemos que, en tiempos pasados, este punto de la costa debió ser empleado para desembarcar la fruta de todas las fincas que lo rodean. Ahora está claramente abandonado.
Aquí el paisaje mejora sobremanera. A la derecha mirando al mar una pequeña ensenada de aguas cristalinas revela su fondo rocoso al visitante, casi sin tener que bucear. Alguna personas disfrutan de un baño mientras otras toman el sol en la parte baja del muelle.



A la izquierda, una acceso empedrado nos lleva hacia una escalera que da acceso al mar. Decidimos apostarnos aquí. Veníamos a pescar pero no podemos reprimir el deseo de darnos un chapuzón. Nos adentramos en estas aguas limpias, en una muy apacible tarde de verano, y disfrutamos de un fabuloso baño. ¿Por qué será que nos gusta tanto en estas islas tirarnos de un muellito?
En un momento dado, al ver un gran banco de salemas con nuestras gafas de buceo, recordamos que veníamos a pescar. Salimos del agua, montamos el aparejo, y echamos unos lances.
La cosa no se da. Quizás sea la marea baja, quizás nuestra nula experiencia en este arte de la pesca. Pero lo seguiremos intentanto, sobre todo si la ilusión de capturar un buen sargo o una vieja colorada nos lleva a descubrir más rincones desconocidos de nuestras islas.
Otras microAventuras en el suroeste
Si estás por la zona tienes varias microAventuras que seguir en Lainakai. En la costa puedes acercarte a la cueva de la Vaca o darte un baño en las piscinas de La Jaquita. Si lo que te apetece es hacer una caminata por la montaña te recomendamos acercarte al Agujero de Los Gigantes, el Barranco del Infierno o, por qué no, los Picachos de Fañabé.

Pietro Barbuto
Hola,quería apuntarme pero me llegó justo hoy el mensaje ,lastima será para la próxima…..un saludo