Subimos hasta el punto más alto de La Graciosa (volcán de las Agujas Grandes, 267 metros) entre fuertes pendientes e intensas rachas de viento, inmersos en el paisaje salvaje del archipiélago Chinijo.
- Dónde: La Graciosa.
- Dificultad: Moderada en condiciones ambientales favorables. La dificultad se incrementa con meteorología adversa.
- Imprescindible: Calzado de montaña, protección solar, gorra o sombrero. El agua es imprescindible, ya que no hay ninguna posibilidad de abastecerse en todo el recorrido. Descargar el track Descargar artículo en PDF
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Nuestro objetivo es unir a pie las poblaciones de Caleta del Sebo y Pedro Barba. Para ello, en lugar de tomar la carretera principal que nos llevaría directos por la costa, nos desviaremos hacia el interior de la isla para atravesarla por el medio, coronando su cima en mitad de la travesía.
El primer tramo del recorrido transcurre por la carretera principal que conduce hacia la playa de Las Conchas. A estas horas, al amanecer, todavía no hay rastro del tráfico continuado de los vehículos 4×4 que frecuentan la pista de tierra transportando turistas por toda la isla. Progresamos con tranquilidad. Tres kilómetros después de iniciar la marcha encontramos el desvío hacia Las Agujas.


Ascenso al volcán de Agujas Grandes
Una tenue vereda indica el camino a seguir hasta comenzar la subida a Las Agujas, un complejo volcánico formado por las Agujas Grandes, de 267 metros de altitud, y las Agujas Chicas, diez metros por debajo. Por el camino observamos los restos de viejas construcciones que intentaron aprovechar las escorrentías de los barranquillos durante las escasas lluvias que llegan a La Graciosa mientras percibimos el cambio de terreno, que pasa del árido desierto de las cotas bajas al campo de líquenes que nos acompaña durante la subida. También advertimos el fuerte desnivel que nos espera, comprobando que vamos ganando una altura evidente cada pocos pasos.
Justo en la degollada entre las dos Agujas nos encontramos ante la mayor pendiente de la ruta, la subida hasta la cima de Agujas Grandes. Vamos superando la rampa de roca conforme aumenta la velocidad del viento, que arrecia más fuerte después de alcanzar el borde del cráter. Frente a nosotros aparece el punto más alto de la isla, coronado por un vértice geodésico al otro lado del cono volcánico. A nuestras espaldas, una vista inmejorable del archipiélago Chinijo.



Sin embargo, para llegar hasta la cima debemos caminar por el estrecho camino que recorre el borde del cono, aún en pendiente ascendente, expuestos al interior del volcán por un lado o hacia el exterior de la montaña por el otro, mientras el viento nos golpea con rachas que casi llegan a levantarnos del suelo. Aunque en algún punto no terminamos de ver claro si continuar, deshacer el camino para regresar nos parece peor opción.
Con grandes dificultades para avanzar contra el viento durante los últimos metros, llegamos al punto más alto. Nos abrazamos al mojón de cemento para fotografiar el momento, pero rápidamente iniciamos el descenso en busca del abrigo de la montaña por la vertiente contraria.

La complejidad no es cuestión de altitud
Tal y como esperábamos, el viento cesaría por este lado del volcán, pero no por ello estaríamos libres de nuevas dificultades. El descenso discurre por una pendiente más pronunciada que la subida, obligando a vigilar cada paso entre picón y roca suelta que sortea las caídas entre las coladas de lava. Después de varios resbalones al límite y pasos comprometidos, finalizamos el tramo final de la bajada por una espesa capa de lapilli que hunde nuestros pies hasta los tobillos.
Por fin estamos de nuevo en la pista de tierra de la carretera principal, donde valoramos que el volcán de las Agujas Grandes nos ha puesto bien a prueba. A pesar de su reducida altitud, no debemos subestimar el poder de las fuerzas de la naturaleza que llevan miles de años transformando este territorio inhóspito.
Microaventuras en la isla de La Graciosa
Seguimos caminando hasta llegar a nuestro destino final de hoy, el pequeño poblado de Pedro Barba, donde nos espera un reparador baño en el mar.

El descanso dura poco. Durante nuestro viaje a La Graciosa disfrutamos de más microaventuras entre las playas de Las Conchas y de La Cocina, además de otros hallazgos por revelar en El Río.

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